Conocimiento generacional
Antes de vender una sola semilla, fueron décadas de aprender a leer la planta: cuándo florece, cuándo madura el fruto y cómo separar la semilla sin dañarla. Ese oficio no se estudió en un libro; se heredó en la práctica, temporada tras temporada.
Lo que empezó como recolección para unos pocos se organizó, con los años, en una red de familias que hoy produce y selecciona semilla con un mismo estándar. De ahí nace nuestra capacidad de surtir volumen sin perder el cuidado artesanal.






